El antisionismo es el nuevo antisemitismo

14/Feb/2017

PorIsrael, Ricardo Angoso

El antisionismo es el nuevo antisemitismo

Se dicen antisionistas. Dicen estar contra el Estado de
Israel, al que consideran la “entidad sionista”, pero son los nuevos
antisemitas del siglo XXI, igual de cínicos, hipócritas y farsantes que los
nazis. Ahora, con esa careta de que tan sólo son antisionistas, tratan de
engañarnos, pero sus argumentos, repletos de odio, racismo y xenofobia, nos
revelan su verdadera naturaleza. Bajo sus ropajes “democráticos”, y
supuestamente tolerantes, se esconden lobos con aspecto de corderos. No son
ropajes lo que llevan, sino trapos que cubren su andrajosa andadura moral y
cuando quedan al descubierto, pues la verdad siempre triunfa, se descubre su
verdadero talante: son unos antisemitas de campeonato, pero vergonzantes pues
quieren aparecen como “progretas” ante los demás y la opinión pública. Les da
asco mirarse al espejo y ver su mínima catadura moral. ¡Qué gentuza!
Son los mismos que apoyan en las Naciones Unidas las
condenas a Israel -más de dos centenares-, los ataques de los terroristas
palestinos en las calles israelíes y los que simpatizan abiertamente con
movimientos tan fanáticos y bárbaros como Hamas, Hizbolá, las FARC y ETA. Los
llaman movimientos de liberación nacional, ¡una mierda!, son vulgares asesinos
y terroristas en nombre de una causa fratricida y suicida, un viaje hacia la
nada que concluye tan solo en la muerte y el naufragio de su inútil utopía.
Miran con lupa, para condenarlos en el fuego de la historia, lo que hacen los
países occidentales, entre los que destaca Israel, y hacen la vista gorda a las
matanzas que llevan perpetrando los palestinos (más bien árabes) desde hace un
siglo y medio contra los judíos.
También se callan cuando se les informa -aunque ya lo saben:
son unos hipócritas de carajo- de las matanzas de Hamas contra los militantes
de Fatah, de cómo en Irán los homosexuales son colgados en grúas y de cómo el
progresista gobierno de su adorado carnicero de Damasco, Bashar al-Asad,
utiliza armas químicas contra los kurdos y las poblaciónes civiles levantadas
en armas. Todo es tolerable menos que Israel celebre elecciones cada cuatro
años y otorgue el derecho de voto a los ciudadanos árabes que viven en la única
democracia que existe en Oriente Medio. Incluso algo más de una decena de
parlamentarios árabes -algunos realmente vomitivos, execrables- se sientan en
el Knesset (legislativo) israelí y balbucean su discurso contra la nación que
les ha dado todo a cambio de nada. Esos árabes odian a Israel porque pueden
expresar su odio libremente, algo que desde luego no pueden hacer en Siria,
Irak, Egipto y Marruecos.
Estos “adalides” de la libertad se rasgan las vestiduras
porque dicen defender al pueblo palestino y su supuesto derecho a la
autodeterminación, pero no son más que unos “progretas” henchidos de rabia,
frustración y el estúpido complejo de
inferioridad occidental. En cuanto ven una mota de algo que se pueda criticar
de Israel, ¡oh Dios santo!, elevan sus gritos al cielo maldiciendo a todos los
judíos que hay sobre el planeta y luego, a renglón seguido, dicen que no tienen
nada contra los judíos, sino contra la maquinaría asesina y criminal de la
“entidad sionista”, ¡cómo si en ese lugar no vivieran judíos! E Israel
estuviera poblado por extraterrestres. Pues que les quede claro de una vez por
todas: Israel es el hogar del pueblo judío por siempre y para siempre, no hay
otro lugar donde puedan vivir los judíos y no lo habrá por nunca más. Si les
gusta bien, y si no les gusta, pues que nos dejen vivir en paz y punto. Y si no
les gusta Israel, pues muy fácil: que se vaya a donde les reciban.
El cinismo y la hipocresía con respecto al pueblo judío se
acabó tras el Holocausto. Seis millones de muertos son suficientes para sus
seis millones de sus mentiras. Si dicen amar al pueblo judío, pero no a su
gobierno, defiendan a Israel con uñas y
dientes, déjense de medias tintas y mentiras a medias, que son peor que las
mentiras mismas. La causa de Israel es la de la democracia y la de los grandes
valores de la humanidad, no necesita amigos como estos “progretas” que dicen
serlo, sino aliados fieles y decididos a dar todo por la causa.
Decía el general Douglas MacArtur que “La historia de los
fracasos en la guerra puede resumirse en dos palabras: demasiado tarde.
Demasiado tarde en la comprensión del letal propósito del enemigo; demasiado
tarde en tener conciencia del mortal peligro; demasiado tarde en lo tocante a
la preparación; demasiado tarde en la unión de todas las fuerzas posibles para
resistir; demasiado tarde en ponernos al lado de nuestros amigos.” Es hora de
estar al lado de Israel, precisamente en el momento en que sobre el mundo se
ciernen graves peligros. Irán, pese a haber engañado a Obama y a los dirigentes
europeos, sigue amenazando a Israel con su programa nuclear nunca concluido y
en marcha. El nuevo antisemitismo, no lo pierdan de vista, es el viejo
antisionismo de siempre. No se dejen engañar, son lo mismo.